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viernes, 24 de diciembre de 2021

El Reino de los Cielos no es un sitio, es un estado de consciencia

 

El reino de los cielos no es un sitio al que vas tras morir, es un estado de consciencia para desarrollar. Jesús alcanzó ese estado de consciencia y se lo transmitió a sus discípulos directos. Eso es lo que hacen los maestros.

Este estado nace de forma muy humilde dentro de nosotros, y el ego y sus secuaces lo ignorarán y perseguirán. Pero siempre está ahí. Es como una semilla, un pequeño grano de mostaza que luego se puede convertir en un gran árbol y acoger a todos los seres.

Los símbolos externos representan realidades internas, de modo que la gente “entiende sin entender”. Así hablaba Jesús, con parábolas. 

Yoga es la ciencia de la Consciencia, el arte y la práctica de lo que Jesús sugería con sus palabras. Él fue un gran yogui y el gran maestro del amor. Sus palabras son redescubiertas cuando uno busca dentro el reino de los cielos.

¡Feliz Navidad! 

❤️✨✨

https://elyogadejesus.com/


sábado, 5 de septiembre de 2020

El tesoro escondido en ti

 

"El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo" - Mateo 13.44

La consciencia gozosa está enterrada en la experiencia vivencial de la persona, como un tesoro esperando a ser descubierto. Cuando el yogui vende todo lo que tiene, es decir, abandona todas las identificaciones y apegos, puede acceder a ella y disfrutarla.

El yogui va cultivando con esmero, paciencia y dedicación su propia consciencia, su más preciado tesoro. La alegría que proporcionan los objetos puede ser muy intensa, pero nunca es duradera; toda cara del placer tiene la cruz del hastío. Esta alegría pertenece al cuerpo emocional. La alegría del sujeto, la alegría incondicional del Ser, no depende de nada salvo de nuestra atención, y siempre está ahí. Y pertenece a nuestra naturaleza real y atemporal, distinta del mundo cambiante.

- "Avanzando en el Yoga"


jueves, 25 de junio de 2020

Nuestro tesoro interno

 

"El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo" - Mateo 13.44

La consciencia gozosa está enterrada en la experiencia vivencial de la persona, como un tesoro esperando a ser descubierto. Cuando el yogui vende todo lo que tiene, es decir, abandona todas las identificaciones y apegos, puede acceder a ella y disfrutarla.

El yogui va cultivando con esmero, paciencia y dedicación su propia consciencia, su más preciado tesoro. La alegría que proporcionan los objetos puede ser muy intensa, pero nunca es duradera; toda cara del placer tiene la cruz del hastío. Esta alegría pertenece al cuerpo emocional. La alegría del sujeto, la alegría incondicional del Ser, no depende de nada salvo de nuestra atención, y siempre está ahí. Y pertenece a nuestra naturaleza real y atemporal, distinta del mundo cambiante.

- "Avanzando en el Yoga"


miércoles, 28 de marzo de 2018

Amor o poder social


Jesús era un místico, no era un sacerdote ni una autoridad religiosa. Los místicos, inspirados por una Consciencia Superior, cuestionan el orden establecido y disparan un cambio de paradigma. Por el contrario, las autoridades religiosas suelen defender el orden establecido – un orden en el que ellos son la autoridad y el referente para todo. Jesús fue mandado a la tortura por las autoridades religiosas. Aun así inspiró a generaciones con su mensaje de amor y de una relación personal y directa con una Consciencia Superior, el Padre, más allá de rituales y formalidades religiosas. Y generaciones después volvieron las autoridades religiosas con sus rituales y formalidades, y en el mismo nombre de Jesús torturaron a los que cuestionaban su autoridad. El amor y el control/poder parecen incompatibles.

Jesús es un maestro del amor y de la entrega, demostró que con ellos se puede resucitar a una consciencia superior, a la realización del Ser. Como hacen los maestros verdaderos, transmitió a sus discípulos cercanos su estado de consciencia. Un “maestro” es además alguien que puede absorber y procesar en sí mismo el karma negativo de sus discípulos, su sufrimiento presente y futuro, y acelerar así su desarrollo espiritual. Primero, porque tiene el poder de hacerlo, y segundo, porque desea hacerlo. No hay muchos maestros/as en realidad :-). Yogui Ramaiah declaró en una ocasión: “Pídele a Dios que nunca te haga gurú”…

lunes, 5 de febrero de 2018

Mahatmas - almas grandes


Interesantes palabras de Amma que describen el estado de Jesús, Babaji, los Siddhas, o de ella misma. Muy esclarecedoras:

"Cuando se logra el conocimiento, algunos seres se funden con la eternidad. Muy pocos de ellos vuelven a bajar. ¿A quién le gustaría bajar después de haber entrado en el Océano de Dicha? Para bajar de ese estado del que no hay retorno es necesario tener algo a lo que agarrarse, un determinado pensamiento, un sankalpa (resolución). Sólo bajarán unos pocos que puedan hacer ese sankalpa de descender.

Esta resolución mental es compasión, amor o servicio desinteresado a la humanidad sufriente. Si no quieres escuchar y responder a la llamada de los buscadores sinceros y al llanto de los que están sufriendo, si quieres permanecer en el estado impersonal y no quieres ser compasivo, está bien. Puedes quedarte allí.

Cuando bajas, una cortina que puedes apartar en cualquier momento se coloca voluntariamente para que el funcionamiento es este mundo sea más fácil e ininterrumpido. Conscientemente no prestas atención alguna al otro lado de la cortina. Sin embargo, de vez en cuando te vas al otro lado. Pero te las arreglas para volver.

Cuando has descendido de la unidad con Dios representas bien el papel. Vives y trabajas duro por la elevación de la humanidad. Tendrás problemas, obstáculos, situaciones difíciles. También tendrás que afrontar insultos, escándalos, calumnias, pero no te importa, porque aunque exteriormente pareces como todos los demás, interiormente eres diferente, totalmente diferente. Por dentro eres uno con la Verdad Suprema. Por eso nada te toca, nada te afecta. Al haberte hecho uno con Fuente misma de la energía, trabajas incansablemente, curando y aliviando las profundas heridas de los que acuden a ti. Si no quieren ocuparse del mundo en absoluto, los compasivos y amorosos que descienden pueden permanecer también en ese estado no dual y fundirse en la Consciencia Suprema. En ese estado no hay amor ni falta de amor, ni compasión ni falta de compasión.

El cuerpo del Mahatma (alma grande) es diferente al de una persona corriente. Si quiere puede conservarlo tanto tiempo como le parezca, sin que le afecten ni la enfermedad ni el sufrimiento. Pero conscientemente hace que el cuerpo tenga todas las experiencias que tiene un ser humano corriente. ¡En eso estriba su grandeza!

Recordad, fue una flecha disparada por un cazador corriente la que acabó con la vida de Krishna en este mundo. Jesús fue ejecutado en la cruz. Ambos podían haber impedido los acontecimientos que acabaron con su cuerpo, pero dejaron que los acontecimientos siguieran su curso. Eligieron ser como eran y dejaron que se desarrollaran los acontecimientos. Estaban dispuestos a entregarse. Sin embargo esto no quiere decir que el curso natural sea inevitable o ineludible para ellos, como lo es para los seres humanos corrientes. No, eso no es así. Si hubieran querido, podrían haber evitado todas las experiencias amargas. Querían mostrarle al mundo que se puede vivir con los valores más elevados de la vida aunque se experimenten todos los problemas que tiene un ser humano corriente. Pero recordad que si surge una circunstancia en la que sea necesario para ellos romper una ley de la naturaleza, pueden hacerlo.

viernes, 14 de abril de 2017

Renacer al Uno eterno


La resurrección es renacer a la Consciencia Única, más allá de la identificación opresiva con un cuerpo y una personalidad, más allá de lo temporal y los cambios. Los maestros expresaron esta realización de la Unidad usando símbolos diversos. Con el tiempo sus seguidores - lejos ya de la realización espiritual originaria - acaban perdiendo el significado de estas metáforas, y las interpretan literalmente. Sustituyen así la experiencia interna por liturgias y ritos, y acaban adorando formas, iconos, estatuas, peleando por sus diferencias, sin el menor atisbo de la Unidad esencial tras todas ellas. Los Siddhas fueron muy críticos con las religiones formales, con sus discursos y sus ritos externos, oponiendo a ellos la realización interna, silenciosa y solitaria. Por ello fueron ignorados y perseguidos por las "autoridades" religiosas. Y lo mismo le sucedió a Jesús. En su vida puso de relieve el conflicto entre el oropel externo y el poder frente a la silenciosa y solitaria realización interna. Jesús, como los Siddhas, hizo su propia elección.

lunes, 3 de abril de 2017

El Yoga de Jesús


Fue Satchidananda, mi profesor de Kriya Yoga, quien un día me sugirió que escribiera un libro sobre las enseñanzas de Jesús. Al principio me sorprendió, pues, ¿qué podría decir a estas alturas sobre Jesús que no se hubiera dicho ya? Él me dijo que escogiera algunas de sus palabras y meditase en ellas, escribiendo luego la comprensión interna que me viniera sobre su significado. 

Así que me dediqué a ello, hasta acabar escribiendo “El Yoga de Jesús”. Fue una época muy feliz de mi vida, cada día lo dedicaba a una meditación diferente, un momento especial y único de sintonía. Y fue un ejercicio sanador. Escribir este libro me permitió hacer las paces con el pasado, con mi sociedad, con una parte de mí mismo. Comparando las citas con textos de Yoga descubrí que Jesús es un Siddha, un maestro de Yoga, y que Oriente y Occidente hablan de lo mismo, a veces incluso con las mismas palabras.

Posteriormente descubrí que muchos practicantes de Yoga occidentales sentían también la necesidad de integrar la figura de Jesús. Así que creo que el libro también cumple esa función. Algunas personas me han comentado – para mi sorpresa – que leerlo fue una especie de catalizador en su búsqueda espiritual. A veces lo releo con sorpresa, tiene una energía especial que proviene, probablemente, no de mí, sino de estar en un estado de sintonía adecuado.

Poco después de publicarlo me fui al norte de India con Satchidananda. Antes de salir supe que en Rishikesh había una cueva donde santos como Papa Ramdas o Swami Rama Thirta dijeron que había meditado Jesús mismo. Imprimí la descripción del lugar con la esperanza de poder encontrarlo y meditar allí. Nada más llegar a India una compañera de viaje me regaló una imagen de Jesús, la misma de la portada del libro, lo que interpreté como una buena señal. En Rishikesh tomamos un taxi dos compañeros de viaje y yo, en busca de la cueva, veinte minutos de camino por una carretera llena de monos. Nada más llegar al lugar previsto, saqué mis notas… y allí había un indio que hablaba español, en dos minutos nos llevó a la cueva. Meditamos allí, una compañera lloró por la emoción que sintió en el lugar. Sentí una presencia sobradamente conocida y familiar, directamente vinculada con el corazón, y que el círculo se cerraba: que Jesús, los Siddhas de Yoga e India estaban perfectamente unidos en la misma Verdad eterna, intemporal. El trabajo, fuera cual fuese, estaba ya cumplido. Me siento profundamente agradecido por esta experiencia.

Sobre el libro:
El Yoga de Jesús

domingo, 25 de septiembre de 2016

La cueva del Maestro Jesús, cerca de Rishikesh


Vuelta a la cueva de Jesús, cerca de Rishikesh, uno de mis lugares favoritos de la India. Aunque no hubo mucho tiempo para meditar, fue suficiente para expandir una vez más el corazón.

Jesús era un hombre libre, sólo seguía a su Dios, y nada podía atarlo. ("la Verdad os hará libres").Y enseñaba lo mismo a sus discípulos. Sus enemigos siempre fueron la casta sacerdotal (igual que le pasó a Buda), que tras su muerte organizaron montajes en su nombre traicionando de nuevo sus enseñanzas. Pero al final es el amor universal, que crea y renueva mundos, la experiencia última, el fin y el comienzo de todo. Y Jesús era el servidor de ese amor, libre de todo condicionamiento.

jueves, 21 de agosto de 2014

El conocimiento último


Toda búsqueda de conocimiento finaliza en lo que en India llaman vinjnana – la sabiduría. La sabiduría real es el conocimiento de la realidad última o primordial. Algunos lo llaman “Dios”, pero, ¿qué es este Dios?

Popularmente, en nuestra tradición judeo-cristiana, uno puede pensar en un anciano vestido de camisón sentado encima de una nube, en los “cielos”.

La tradición de los Siddhas habla de una única consciencia que está detrás de todas las cosas, de la que nosotros no seríamos sino una parte fragmentada, separada del resto de ella por el principio de la naturaleza llamado “ego”. El trabajo del yogui es expandir su propia consciencia, hasta fundirse con esa consciencia única que abarca todo lo creado y lo no creado. Los yoguis de realización espiritual son omniscientes, están en todas partes, y trascienden en su conocimiento el pasado, el presente y el futuro.

Jesús hablaba de esta consciencia trascendente como “Padre nuestro que estás en los cielos”. Los Siddhas de la India hablan de vettaveli o espacio de liberación. El espacio, el cielo, es una buena imagen para ilustrar a esa consciencia omnipresente; igual que el espacio, sin principio ni fin, la consciencia es la base primordial sobre la que se manifiestan los objetos que experimentamos, la creación.

Igual que el vapor del aire se puede condensar en agua y solidificar en hielo, esta consciencia suprema puede personificarse en formas infinitas, en tantas como devotos o religiones que la adoran. La mente humana necesita formas para concebir lo que está más allá, porque no puede concebir la consciencia sin forma, la meta final de la realización humana espiritual.

Dijo Shiva: Dios no es Vishnu, Brahma ni Shiva, ni el viento, ni el sol ni la luna, ni los brahmines ni los reyes, ni tú ni yo, ni Lakshmi ni la mente. Dios no tiene forma y no está determinado por objeto alguno, sea cual fuere; el esplendor no creado que no tiene principio ni fin, es lo que se conoce como Dios o el Señor Shiva, que es consciencia pura. - Yoga Vashishta

La consciencia pura nunca es un objeto – es el sujeto. Pero la mente siempre busca “objetos” a los que agarrar o perseguir. Cuando la mente se fija en el sujeto, en la consciencia ¡tiende a desaparecer! Por ello, cuanto más indagamos sobre el origen de nuestra propia consciencia, más profundizamos en el silencio – en la ausencia de objetos mentales.

La detención total de la mente puede ser de dos clases. Una es el autoconocimiento o auto-indagación sobre el Ser; la otra es la detención del prana o fuerza vital. - Yoga Vashishta.

La mente no puede “entender” la consciencia, no puede agarrarla como un objeto, porque cuando aparece la consciencia, la mente pasa a ser un objeto más, que puede ser también observado, hasta que desaparece.

Imaginemos que vamos caminando por la noche, iluminando nuestro sendero con la ayuda de una linterna. Con ella iluminamos y vemos todo lo que nos encontramos, pero quizá nunca se nos ocurriría ver la linterna misma, nuestra fuente de luz. Con la ayuda de un espejo podríamos reflejar su luz de vuelta a su origen, y comprender que salía de la linterna.

Hay cosas que vemos y cosas que nunca vemos ni cuestionamos. Nuestra mente y nuestro ego (el “yo”) son unas de ellas; con el espejo de la meditación y la auto-indagación podríamos revertir el flujo de nuestra atención y ser conscientes de ellas. Nos encontraríamos entonces con un conjunto de patrones mentales y emocionales recurrentes que llamamos nuestro “yo”, y que, desde nuestro nuevo ángulo de visión, ya no tenemos necesariamente por qué seguir ciegamente. Y tras ello queda la luz pura sin imágenes del Ser, la consciencia pura incondicionada.


Samadhi – de la forma al Absoluto

El Raja Yoga de Patanjali, descrito en sus Yoga Sutras, propone un proceso de meditaciones que van separando la consciencia humana de su ligación con los objetos, incluyendo los sentidos y los pensamientos, hasta experimentar la absorción en la consciencia pura – lo que se llama samadhi.

El Kriya Yoga de Babaji propone esta misma meta, con la ayuda además de técnicas más energéticas como el pranayama y las asanas, propias del Yoga más tardío, el Yoga tántrico.

Un error al practicar las kriyas o técnicas de samadhi es buscar experiencias trascendentales. Las kriyas de samadhi siguen el proceso de samyama descrito en los Yoga Sutras: concentración, meditación y absorción (samadhi). La mente se acaba disolviendo en diferentes temas de concentración, y lo que sigue es la vivencia de la consciencia pura.

Lo fenoménico, incluyendo la fenomenología “espiritual” (visiones, revelaciones, poderes psíquicos…) es un desvío de la meta. Esas experiencias, en el mejor de los casos pueden indicarnos el camino a seguir, pero no son fines en sí mismas. El fin es la consciencia pura, la realidad última que hace posible que existan todas las experiencias, el Ser. En India definieron esta realidad primordial como Sat-Chit-Ananda: existencia, consciencia y gozo absolutos.


Del Absoluto a la forma

Pero tras la experiencia de la consciencia pura, está “la vuelta al mercado” que dicen en el Zen. La consumación de la realización yóguica viene cuando esta dualidad entre el silencio absoluto de la consciencia pura y la vivencia entre el mundo de los objetos se va disolviendo, hasta que toda la vida cotidiana se convierte en samadhi – la vivencia de Dios o la consciencia cósmica también en el mundo. Técnicamente esto se llama sahaja nirvikalpa samadhi en el Yoga clásico.

Los Siddhas llevan esta integración a su máxima expresión, con el llamado soruba samadhi, la divinización de las células del cuerpo físico. Una realización espiritual que trasciende incluso la dualidad de la vida-muerte en el plano físico. Ramalinga Swami, un santo de la India del siglo XIX, es un caso moderno conocido de un yogui con esta rara y suprema realización. 

lunes, 2 de julio de 2012

La luna llena del Gurú


Me postro ante el Satgurú, de quien el mundo entero,
compuesto de consciencia ininterrumpida,
está impregnado y lleno completamente, en todo objeto móvil e inmóvil.
 
Salutaciones sublimes al Gurú que está establecido en Eso,
y que me ha despertado a su realización. 


Guru Strotam



En la noche del martes 3 de julio se celebra Gurupurnimá, la luna llena del Gurú. Es el día del año en el que la luna está más llena. El Gurú Yoga es probablemente el más fácil y placentero de los Yogas. Consiste en desarrollar una sintonía constante con el Gurú, meditando constantemente en él (o ella), adquiriendo así sus cualidades. Para desarrollarlo sólo hace falta sentir un profundo amor y atracción de corazón por el Gurú que establezca esta sintonía, lo que sucede cuando el Gurú revela al devoto su verdadera naturaleza, en un acto de gracia.

El Evangelio de Juan es un tratado de Gurú Yoga, centrado en la figura de Jesús. Sus palabras "Yo soy el camino, la verdad, y la vida; nadie viene al Padre (la Consciencia Cósmica), sino por Mí" (Juan 14:6) reflejan el papel del Gurú, la puerta que conduce a lo Eterno.


El Gurú no necesita nuestra adoración, pero sí nuestra sintonía constante, para poder así transmitirnos su energía transformadora y su gracia. El día en que nuestra dulce conexión con el Satgurú sea mayor que todas las circunstancias (y problemas) a nuestro alrededor, comenzaremos a vivir en su gozo inacabable, las "aguas vivas" de las que habla Jesús, que colman toda la sed.

domingo, 8 de abril de 2012

Resurrección


En India existe un néctar, llamado "amrita", que los dioses beben para ser inmortales. Ese amrita existe, y es el secreto mejor guardado del universo. Es el amor. Es el licor que vivifica toda la vida, haciendo posible el renacer de la primavera. Sin este vino sagrado la existencia deja de tener sentido.

En la vida muchas veces no podemos elegir nuestras circunstancias. Pero no importa lo que nos suceda, siempre seremos libres para hacer nuestra elección final; siempre podremos escoger el amor frente al miedo, el odio o la amargura. Un acto de puro amor, frente a todos los obstáculos, nos hace inmortales. Ésta fue la enseñanza última de Jesús.



sábado, 24 de diciembre de 2011

Símbolos de Navidad




La fiesta de la Navidad, tan ligada a la figura de Jesús, está llena de símbolos espirituales. Los símbolos están presentes en todas las religiones, y su poder reside en que transmiten verdades espirituales profundas de forma directa, sin pasar por el intelecto o la razón. Pero el Ser profundo de las personas reconoce la verdad que estos símbolos transmiten. De ahí su poder de atracción. 

La imagen tradicional del nacimiento de Jesús muestra la presencia de María y de José a ambos lados de la cuna del niño, a veces a un buey y a una mula. Éstos representan a los nadis Ida y Pingala, el primero femenino y el segundo masculino. Cuando las energías masculina y femenina de estos nadis están en equilibrio, entonces se despierta y activa Kundalini, la energía divina. Kundalini empieza a elevarse a través del nadi Sushumna, situado entre Ida y Pingala. Con su ascenso, Kundalini provoca el nacimiento de la consciencia divina, el niño divino. 

Jesús nace en un pesebre, lugar donde se guardan los animales, no donde viven los seres humanos. ¿Por qué? La energía Kundalini surge desde el primer chakra, ubicado debajo de la columna vertebral, cerca de los genitales, y asociado a la energía sexual. Un lugar de energías primarias, por eso el simbolismo del pesebre. Ahí nace Kundalini, que en su ascenso irá transformando y divinizando la consciencia.

Esa energía Kundalini asciende a través del nadi Sushumna, en busca del chakra de la corona, situado encima de la cabeza. El caduceo de Hermes, el símbolo que podemos ver en las farmacias, representa este ascenso del poder serpentino que asciende a través de la columna vertebral. Cuando la energía Kundalini llega hasta el chakra de la corona y se funde con él, el yogui entra en samadhi, el trance de la unión con el Absoluto, el Padre (o Shiva, el nombre que los Siddhas daban al Absoluto).

La estrella de Navidad, en los cielos, representa la luz divina, visible en el chakra del tercer ojo o en el chakra de la corona. Es la luz que perseguían los tres reyes magos en busca del Divino. Los tres nadis, Ida, Pingala y Sushumna, convergen en el sexto chakra, el tercer ojo. Hasta allí se encaminan sus energías, en busca del Divino, para que el yogui ascienda hasta el encuentro de Dios en el chakra de la corona. La luz divina muestra el camino.

¿Existe algún símbolo navideño de Kundalini, de esta energía divina que nace desde el primer chakra y asciende al encuentro de Shiva, el Padre, en el chakra de la corona? Sí, el árbol de Navidad, que representa el eje de la columna vertebral por la que asciende el nadi sushumna. En lo alto del árbol se coloca la estrella de Navidad, la meta de los esfuerzos del yogui, y las diferentes bolas de colores que se cuelgan en él nos recuerdan los diferentes chakras. 

En el árbol se depositan los regalos que es costumbre dar en estas fiestas. La apertura de los diferentes chakras, conforme Kundalini asciende por ellos, produce determinados dones o poderes, que en Yoga se llaman “siddhis”: poder de visión, de sabiduría, de omnisciencia, de materialización, etc. Los regalos representan los siddhis y bendiciones que adquiere el yogui con su despertar espiritual.

En estas fiestas también nos gusta llenar todo de luces y de velas. En lugares donde un yogui ha realizado mucha práctica espiritual permanece un tipo de prana (energía) sutil y espiritual, reconocible ante la visión de un yogui experimentado. Este prana se percibe como diminutos puntos brillantes de luz blanca o dorada, similar a las luces tintineantes que se colocan en la Navidad.

Cuenta el Evangelio:

En esa misma región había unos pastores que pasaban la noche en el campo, turnándose para cuidar sus rebaños. Sucedió que un ángel del Señor se les apareció. La gloria del Señor los envolvió en su luz, y se llenaron de temor. Pero el ángel les dijo: “No tengáis miedo. Mirad que os traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy os ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor. Esto os servirá de señal: Encontraréis a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. De repente apareció una multitud de ángeles del cielo, que alababan a Dios y decían: “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad”, (Lucas 2.8-14).

Cada chakra está asociado a una divinidad, un aspecto divino diferente. La apertura de los chakras por el ascenso de Kundalini es un gran evento que puede incluir la visión y manifestación en el yogui de cada una de estas energías divinas, junto con sus dones. Estas diversas manifestaciones buscan finalmente el ascenso de la energía hacia la corona, para el pleno nacimiento del Divino y para el establecimiento del Reino de Dios, la plena consciencia divina, en el yogui. 

Narra el evangelista que los pastores fueron a adorar, con sus rebaños, al niño Dios. La simbología de ello es que, conforme se van activando los chakras y se extiende el Reino de Dios por la Tierra, por la consciencia del yogui, las diferentes potencias de la personalidad, representadas por los pastores y sus rebaños, se van poniendo al servicio de una consciencia superior, la naciente consciencia divina. 

Según el Yoga, el universo, el macrocosmos, guarda una correspondencia con el microcosmos, el cuerpo y la consciencia del hombre. En las fechas de diciembre se celebraba tradicionalmente el solsticio de invierno, cuando empieza el incremento y predominio de la luz diurna sobre la oscuridad de la noche. De modo que este evento externo del crecimiento de la luz solar evoca en nosotros el nacimiento de la luz divina, y de una forma consciente o inconsciente celebramos que un día la consciencia divina nacerá en nosotros, con todos sus dones, y el Reino de Dios se extenderá sobre la Tierra. Nuestra alma lo sabe, y aguarda con secreto gozo este nacimiento.

El amor se evoca también en estas fechas, y se celebra el acto de regalar. Una vez al año, la naturaleza externa y nuestra naturaleza interna nos recuerdan que somos eso, luz divina y amor. Y, no importa que nuestra personalidad superficial recuerde o no el significado profundo de esta celebración, el Ser en nosotros nos hace regocijarnos al contemplar estos símbolos que nos recuerdan quiénes somos.

(De la web http://www.cristianismoyyoga.com)


Feliz Navidad, que todos los seres sintientes sean felices.


miércoles, 9 de febrero de 2011

El hijo pródigo - la vuelta a casa y la Gracia

 

Un hombre tenía dos hijos. Y el menor dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me corresponde de la hacienda”. Y el padre repartió la hacienda. A los pocos días, el hijo menor reunió todo, se marchó a un país lejano, y allí disipó toda su fortuna viviendo pródigamente. Cuando hubo gastado todo, sobrevino una gran hambre en aquella comarca, y comenzó a padecer necesidad. Se fue a servir a casa de un hombre del país, que le mandó a sus tierras a guardar cerdos. Deseaba llenar su estómago con las algarrobas que comían los cerdos, y nadie se las daba. Y reflexionando, dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan de sobra, y yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de llamarme hijo tuyo; tenme como a uno de tus jornaleros”. Se levantó y fue a su padre.

Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y, conmovido, corrió y se echó al cuello de su hijo, cubriéndolo de besos. Díjole el hijo: “Padre, pequé contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de llamarme hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus siervos: “Sacad inmediatamente el vestido más rico, y ponédselo; ponedle también anillo en su mano, y sandalias en sus pies. Traed el ternero cebado, matadlo y vamos a comer, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido encontrado”. Y todos se pusieron a festejarlo.

El hijo mayor estaba en el campo, y al volver y acercarse a la casa, oyó la música y los bailes. Llamó a uno de los criados y le preguntó qué significaba aquello. Y éste le contestó: “ha regresado tu hermano, y tu padre mató el ternero cebado porque lo ha recobrado sano”. Él se ofendió y no quería entrar. Mas su padre salió y se puso a exhortarle. Y contestó a su padre: “Hace ya tantos años que te sirvo sin desobedecer jamás tus órdenes, y nunca me has dado ni un cabrito para hacer fiesta con mis amigos. ¡Ahora llega este tu hijo, que dilapidó su hacienda con malas mujeres, y tú le matas el ternero cebado!”. Pero el padre le respondió: “¡Hijo! ¡Tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo! En cambio tu hermano que estaba muerto ha vuelto a la vida”, Lucas 15.11-32.


Cualquier cosa que hagas, o comas, o des, u ofrezcas en adoración, ofrécemelo a Mí. Del mismo modo, cualquier tipo de sufrimiento que venga a tu vida, también ofrécemelo a Mí. De este modo te habrás desligado de las ataduras del Karma, tanto si los frutos son buenos como si son malos. Perseverando así en la renuncia a los frutos de la acción, serás libre y vendrás a Mí, Bhagavad Gita, IX.27-28.



Dios no castiga. Las leyes impersonales del karma (de la causa y el efecto), las leyes que sostienen este universo, son las que lo hacen; recibimos aquello que damos, tarde o temprano. El propósito último de esto es que aprendamos, que experimentemos en nuestra propia carne el “bien” y el “mal”. Estamos aquí para experimentar las consecuencias de nuestros actos, para probar “la fruta de la ciencia del bien y del mal”. El resultado de este aprendizaje es la sabiduría,  La sabiduría es la capacidad de diferenciar lo que verdaderamente origina felicidad de lo que origina sufrimiento. Esta sabiduría finalmente nos inspirará para regresar a nuestro hogar, para redescubrir nuestra verdadera naturaleza en el Ser, la Divinidad.

Ésa fue la experiencia del hijo pródigo: un crecimiento en sabiduría. Agotó todo su dinero, toda su herencia y sus talentos en perseguir un placer fugitivo. Y finalmente supo que la verdadera felicidad estaba en la casa del padre de la que salió un día.

¿Recibió un castigo de su padre cuando regresó? No. Aquí Jesús rompe radicalmente con la concepción de un Dios iracundo y justiciero, deseoso de purificar con fuego y castigos hasta el más sutil de los “pecados”. Jesús nos está diciendo que Dios nos ama incondicionalmente; nuestra felicidad es su gozo. El hermano del hijo pródigo representaría aquella concepción de la Divinidad basada en la lógica del dar y recibir, como una mera transacción comercial. 

Jesús enseña que a la Divinidad le mueve el amor, no la “corrección”.  Los santos y hombres de realización son canales para este poder, llamado a menudo "Gracia" - en India se sabe que una vida entera puede ser transformada ante la presencia de un ser realizado. El hermano del hijo pródigo no acaba de comprender esta gracia; no entiende por qué su padre trata de forma tan amorosa a quien actuó de forma errónea. Su padre le tiene que recordar que “todo lo mío es tuyo”. El principio del amor divino lo abarca todo, trascendiendo las barreras del “tú” o del “yo”, del “mío” y del “tuyo”.  La Gracia trasciende las consideraciones personales.

Muchas de las parábolas de Jesús y de sus debates con los fariseos se basan en la confrontación entre estas dos concepciones de la Divinidad: por un lado, un Dios motivado por el amor incondicional, y por otro, un Dios que se limita a aplicar justicia, dando premios o castigos según la lógica de unas normas y unas leyes estrictas, que los fariseos se encargaban de interpretar, como si se tratasen de un código penal.

Dice Krishna en el Gita: ¡Oh guerrero victorioso! Ve a Dios y ofrécele tu vida entera si quieres encontrar la salvación. Por Su Gracia, conseguirás la paz suprema, regresando así a tu hogar, la Morada Eterna.  Dios nos está llamando constantemente. Él desea que salgamos de nuestro juego sin fin en el samsara, el mundo de las dualidades inconstantes. Pero ésa es nuestra elección. Todos los seres humanos somos el hijo pródigo, buscando en las inconstantes dualidades del mundo el gozo infalible, en vano, agotando la herencia del tiempo de nuestra vida. En esto nadie es diferente. Hasta que un día la divina insatisfacción nos impulse a retornar de nuevo a la casa del Ser, nuestro hogar del gozo incondicional y eterno. Y allí nos espera siempre, amorosamente, el Padre, anhelando nuestro regreso. Así lo expone Jesús.